21 octubre 2013

La segunda ola machista

Por Lydia Cacho

Lucero fue golpeada ferozmente por no aceptar tener relaciones sexuales, y la Procuraduría hace todo lo que está a su alcance para arrebatar sus derechos a la joven mexicana de Guanajuato y silenciar a la prensa insinuando que ella fue, de alguna manera, culpable del ataque.

Mousin y Raja de 14 y 15 años se besaron en la boca afuera de su escuela en Marruecos y su amigo Osama les tomó una fotografía que subieron a Facebook. Las autoridades les apresaron durante cinco días y ahora les están llevando a juicio por exposición indecente y daños a la moral pública. En Marruecos besarse es considerado inmoral, golpear o violar a la esposa no lo es. La chica y el chico podrían pasar hasta dos años en prisión, ya que según la fiscalía el beso en público amenaza a la sociedad y va contra los fundamentos educativos.

En Yemen, Saadah, cuyo nombre significa felicidad, a los trece años fue vendida en matrimonio por su padre. El marido, de cincuenta años, pagó el equivalente a mil doscientos pesos mexicanos por la niña a quien maltrató hasta que ella, ya de 18 y con dos pequeños, logró escapar y volver a la casa materna. El papá asegura que vendió a sus hijas para evitar que vivieran sumidas en la pobreza. Ahora las dos, como miles de niñas víctimas de matrimonios forzados en el mundo, han regresado a la casa con hijos e hijas que alimentar, sin recursos ni protección y convencidas de que el Estado no reconocerá su libertad y su dignidad.

En Indonesia, en la provincia sur de Sumatra, el ministro de educación ha propuesto una ley que ordena que todas las jóvenes que quieran acceder a la preparatoria pasen por un examen ginecológico para demostrar su virginidad. Las chicas que no tengan el himen íntegro no podrían recibir educación pública.

Detrás de esta política que algunos grupos conservadores pretenden homogeneizar en Indonesia, y que ha indignado a los sectores progresistas de este país, está el machismo. El ministro de Educación, Muhammad Rasyd, afirma que esta medida legal logrará que las mujeres eviten el sexo premarital. Las activistas indonesias que cuestionan a este político y a líderes religiosos que celebraron la propuesta de ley, aseguran que la medida significa un retroceso monumental en los derechos de las mujeres en la región.

Detrás de estos y de otros miles de casos, se oculta una oleada de misoginia conservadora que pretende abatir los derechos de las mujeres y jóvenes. Esos derechos que nuestras antepasadas ganaron arriesgando la vida. En algunos países como México, Indonesia o Italia las leyes contra la violencia hacia las mujeres avanzan, sin embargo su aplicación sigue sujeta a códigos “morales” contradictorios que favorecen a los agresores mientras humillan y revictimizan a las mujeres y niñas. Todos los días miles de notas periodísticas documentan el aumento de feminicidio en el mundo, una forma de violencia extrema para controlar a unas mujeres, y advertir a las demás que ellas podrían ser las próximas en la lista si no obedecen los mandatos del sexismo, que promueve un doble rasero moral.

El argumento “yo tengo hijas y madre” usado por los políticos, es absurdo, pues estar cerca de mujeres no garantiza su convicción por la igualdad jurídica y social. Mientras escucho a las mujeres de Indonesia discutir la ley de la virginidad, documento la aceptación social que la explotación de las mujeres tiene en esta región. Leo que los medios de México, Marruecos, Indonesia o Yemen no logran salir de la nota superficial; no analizan el control social de las mujeres y niñas a través de la expropiación de su voluntad, de su cuerpo y su sexualidad. Debemos preguntarnos cómo se condiciona su educación a cambio de sumisión, su sobrevivencia a cambio de entrar en matrimonios serviles. O cómo se les niega el acceso a la justicia cuando son libres y se rebelan ante la opresión.

Mientras no logremos llevar las noticias del escándalo del caso individual al contexto de políticas públicas y convicciones privadas de políticos sexistas que promueven la opresión, la desigualdad y la violencia, muy poco cambiará. Nadie le ha pedido al gobernador de Guanajuato que hable de su madre, se le exige que se asegure que el procurador que ha designado haga valer las reglas jurídicas.

Al ministro de Sumatra se le exige la educación gratuita igualitaria, sin meter su cabeza debajo de las faldas de las adolescentes; al gobierno yemení se le exige abatir la pobreza y fomentar la equidad. Tan claro como el agua.

Fuente: CIMAC

No hay comentarios :

Publicar un comentario