26 diciembre 2013

Microcrédito, macro estafa

Por Lucile Daumas

Para las mujeres, trabajo y empleo, no deudas

Desde comienzos de 2011, las mujeres, aunque también participan hombres, de Ouarzazate, y de todo el valle del Dadés, al sur de Marruecos, organizadas en la Asociación de Protección Popular para el Desarrollo Social cuyo número miembros ya llega a 4.500, llevan a cabo una lucha contra las entidades de microcrédito por abuso de confianza y condiciones de crédito insostenibles.

Aprovechándose de la crisis que afectó particularmente al sector hotelero de esta región turística, las entidades de microcréditos se implantaron en la región y «generosamente» concedieron créditos que tenían como principal objetivo a las mujeres. En un principio, previstos para financiar microproyectos y microempresas, fueron otorgados sin mayores verificaciones, ya que los corredores ganan según los clientes que consiguen y también porque las Instituciones de las Micro Finanzas (IMF) y las Asociaciones de Microcrédito (AMC) reciben donaciones y subvenciones (de la USAID, de la UE, de fundaciones, del PNUD, etc.) en función de su clientela, en un contexto de exacerbada competencia entre dichas entidades. Y de hecho, ese dinero ha sido utilizado como créditos al consumo, (para comprar, por ejemplo, un ciclomotor, asegurar la vuelta a la escuela de los niños, comprarse una nevera…) o para paliar los gastos de los servicios públicos, que en estos tiempos de neoliberalismo son de pago e inaccesibles para las capas más pobres de la población (en particular los servicios sanitarios). Y más aún, muchos créditos fueron contraídos para poder amortizar los precedentes.

Aunque el dinero prestado provenga de donaciones, de subvenciones o de préstamos con tipos de interés reducidos, los «beneficiarios» de estos préstamos deben pagar un interés exorbitante. Oficialmente entre el 14 y el 18 % (para financiar unos supuestos gastos de gestión elevados dadas las pequeñas sumas prestadas), pero en la práctica, las mujeres de Ouarzazate nos hablan de tipos de interés que pueden llegar al 40 %. Además, no hay posibilidad de renegociación de las deudas. No se tiene en cuenta ningún problema o acontecimiento que pueda sobrevenir en la vida de las personas endeudadas. Y lo peor es que se implementó un sistema de préstamos solidarios en el que un grupo de mujeres sirve de garantía para cada una de ellas, En este caso, los prestamistas pueden recurrir a la violencia para asegurarse el pago de las deudas: presiones, chantaje y agresiones son moneda corriente.

Detrás del discurso caritativo y lacrimoso de la lucha contra la pobreza y la precariedad de las mujeres, se esconde una extrema violencia respecto a los pobres. Se aprovecha su analfabetismo para hacerles firmar contratos que no pueden leer y luego no se tiene ninguna piedad.

¿Qué interés tienen las instituciones financieras en montar operaciones de micro crédito?

Las IMF funcionan con capital barato revendido a alto precio a las categorías más pobres de la población. ¡Es un negocio redondo! Los beneficios son tales que las asociaciones de microcrédito presentes al comienzo se transforman en Institución de microfinanzas, mientras que los mayores bancos del lugar aumentan su interés por el sector. Los pobres tienen muy poco dinero, pero son muchísimos…

La Federación Nacional de Asociaciones de Microcrédito prevé unos 3 millones de clientes en 2020, anuncia tipos de interés del 15 al 20 % con dinero que ha sido exonerado de impuestos y que proviene de subvenciones, donaciones y fondos de la cooperación extranjera y constata que los préstamos en general son pagados correctamente. Así para El Amana, una de las IMF que actúan en el lugar, el tipo de recuperación de los préstamos llega al 99 %.

Por lo tanto, ya con eso son una excelente operación.

Bancarización de nuevos sectores

Pero además esto permite bancarizar a nuevos sectores de la población. «Este mercado constituye un reservorio de crecimiento muy importante para los bancos y otros intermediarios financieros que desean diversificar y desarrollar sus participaciones en el mercado.»

«Este segmento de clientela del sector privado escapa todavía largamente a los circuitos financieros tradicionales.»

«Estas empresas se encuentran a menudo obligadas a dirigirse a fuentes de financiación informales (amigos, familia, tontinas…) o incluso a la autofinanciación.

Estos microcréditos constituyen además una forma de «redes sociales» invocadas en los acuerdos del Partenariado Euromediterráneo, frente al temor de que la marginalización y la pauperización de grandes sectores de la población, provocados por el establecimiento del libre comercio, intensifiquen la presión migratoria a las puertas de Europa.

«Por su estructura y su flexibilidad, pueden ser también un elemento determinante de absorción de las crisis económicas y financieras.» (Ibid.)

¿Por qué se ha puesto el objetivo prioritariamente en las mujeres?

«Se acabó el tiempo en el que el padre llevaba la paga al hogar y se la daba a la madre para que ella criase a los hijos. La consecuencia del ajuste estructural fue el desempleo masivo, la flexibilización del trabajo, la precarización del empleo. Frente a estas políticas, el padre entra en crisis y la mujer sale a la calle para encontrar algo con el que sobrevivir, generando un nuevo rostro a la economía, a la ciudad y a la estructura y sentido de la familia. Toda esta energía social que desarrollan las mujeres en su lucha por la supervivencia es la que es instrumentalizada y utilizada por los bancos y el sistema de las microfinanzas, por medio del microcrédito.

Estas palabras de María Galindo, animadora de la asociación boliviana Mujeres Creando nos da pistas de reflexión totalmente interesantes para Marruecos. En efecto, el liberalismo empujó masivamente a las mujeres a introducirse en el mercado del empleo, especialmente en los sectores volcados a la exportación (zonas francas, textil, agricultura en invernaderos) aprovechando su ausencia de tradición en el mercado de trabajo, de la falta de conquistas respecto a sus derechos, de su analfabetismo. La crisis de la familia ampliada y la crisis de la propia familia, exacerbada por un desempleo estructural de masa, transformó a las mujeres en jefes de familia y en protagonistas de la lucha por la supervivencia.

Por lo tanto, son estas mismas características las que explotan actualmente las IMF, proponiendo, en el mejor de los casos, actividades generadoras de ingresos, ese grado cero del empleo, o sea, ni trabajo, ni empleo, ni salario, en nombre de un desarrollo de pacotilla (no es de esta forma que un país se desarrolla) y que provocan grandes sufrimientos a las mujeres. Las mujeres de Ouarzazate hablan de su estrés, de sus angustias, de embargos, de procesos. A los ya vividos problemas de pobreza que el acceso a los microcréditos no resuelve, se agrega el endeudamiento y las presiones para el pago de las deudas que destruyen a las familias, llevando a las mujeres a la prostitución o al suicidio.

Lo que las mujeres de Ouarzazate comprendieron es que el microcrédito no es una herramienta de lucha contra la pobreza sino un saqueo suplementario de los escasos ingresos de las familias pobres. También comprendieron que el endeudamiento no era un problema individual sino un problema social y colectivo que debe encontrar soluciones sociales y colectivas, como el acceso a servicios públicos gratuitos y de calidad, creación de empleo, derecho de los trabajadores y derechos económicos y sociales.

Finalmente, estas mujeres comprendieron el interés que tiene la autoorganización y la lucha conjunta contra estos nuevos vampiros que avanzan enmascarados detrás de un discurso de altruismo y de feminismo. Estas mujeres reclaman la anulación de deudas que ya fueron reembolsadas.

Amina Mourad y Benasser Ismaini, dos de los animadores del movimiento contra los microcréditos, se deben presentar ante el tribunal de Ouarzazate. Cinco entidades que conceden microcréditos los habían denunciado. Cuatro retiraron la denuncia, pero una continúa con el pleito. Pero el verdadero proceso es el que intentan mediante sus acciones las mujeres víctimas de la rapacidad de las entidades de microcréditos, que hacen de la pobreza un enorme y substancioso negocio.

Fuente: CADTM

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