17 diciembre 2013

Mujeres

Por Carlota Salgado Subiza

Mi alma de mujer llora. Se violenta. Se llena de un hondo dolor. Al haber contemplado el padecimiento de mis hermanas. Que no sólo no ha parado en toda la Historia de la Humanidad sino que ahora se lleva a cabo de manera sistemática en muchos conflictos bélicos actuales. Aunque nadie lo cuente existe una guerra abierta contra las mujeres.

Esto sucede precisamente porque somos los pilares en los que se construyen las sociedades. Somos empáticas, trabajadoras, solidarias, resolutivas, infatigables, responsables, tenaces e incluso dedicadas a los demás. Y porque sin nosotras la vida no tendría continuación.

Así que por poseer virtudes tan indudables y ejemplares tratan de aniquilar la continuidad de las poblaciones, pueblos o ciudades matándonos o haciéndonos padecer un dolor y un miedo inimaginables, humillándonos y vejándonos. Con consecuencias que durarán años y años si es que, en el mejor de los casos, se llegan a recuperar. E incluso destrozando nuestros cuerpos hasta no poder concebir nunca más.

Como compañera suya considero que no me puedo quedar callada. Su sufrimiento lo siento mío. Siento vergüenza de pertenecer a la raza humana. Mi frustración se revuelca en el suelo. Mi indignación me hace querer protegerlas. Porque veo su bondad y su grandeza. Y como el hombre la utiliza para el peor fin inimaginable.

De forma que por lo que deberíamos ser admiradas y recompensadas se vuelve en nuestra contra cuando los infames hombres de la guerra tratan de aniquilar a los enemigos que ellos mismos, fruto de su locura, su maldad y sus ansias de poder, se generan.

Por tanto, me parece imprescindible intentar conseguir que esta realidad se conozca vivas donde vivas. Es necesario hacer llegar sus gritos ahogados en la selva a toda la sociedad. Su terror. Ponerse en su lugar y entender el ultraje al que se ven sometidas cada día. Porque nadie las escuchó ni las protegió. Porque por sí mismas no pueden defenderse. Porque demuestra una bajeza indecente por parte de la población masculina. Porque si se lo hicieran a nuestras madres o familiares o a nuestras parejas los perseguiríamos hasta hacerlos asumir sus deleznables actos y pagar por ello. Porque es escandaloso que esto pueda seguir pasando y que nadie tome medidas. Y no desistiré hasta que sus asesinos, violadores, torturadores o secuestradores sean condenados.

Dónde están las intervenciones Internacionales para garantizar los derechos de la población ahora. Y por qué se sigue mirando hacia otro lado… La respuesta me temo que es tan sencilla como dolorosa. No hay objetivos lucrativos para nuestros gobiernos o poderosos en sus países o ya se han hecho con ellos. Y además el negocio de la exportación de armas constituye una de las mejores actividades en cuanto a los beneficios económicos que genera para la mayoría de los países desarrollados…

Así de cruel, así de ruin. Así funciona el neoliberalismo. Así de deshumanizado es el mundo que origina.



Fuente: Kaos en la Red

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