11 diciembre 2013

Reflexiones sobre la sexualidad latinoamericana

Por Esther Pineda

La sexualidad, puede definirse como una condición innata y natural de los/as individuos/as presente a lo largo de la vida, intervenida por las nociones y concepciones sobre el sexo, el cuerpo, la identidad sexo-genérica y la preferencia sexo-afectiva, que mantienen las personas en los diversos procesos interactivos en los que se desenvuelven.

No obstante, la sexualidad en América Latina y el Caribe posee unas características y manifestaciones específicas que la diferencian de la sexualidad manifiesta en otras formas organizativas, como la europea y anglosajona, las cuales han intentado imponerse como modelo por excelencia de la sexualidad.

La sexualidad Latinoamericana y Caribeña, se debate entre la moralidad y la amoralidad, lo permitido y lo prohibido, lo criticado y lo realizado, es decir, una organización socio-cultural que promueve e incita al sexo desde todos sus espacios, pero, donde a su vez, este es fuertemente reprimido.

Entendiendo el sexo como una de las múltiples formas en que se materializa la sexualidad, como práctica desde el cuerpo y la genitalidad, para el placer, experimentada individualmente como también entre dos o más personas.

Sin embargo, en América Latina y el Caribe, el sexo individual ha sido concebido como intrascendente, como “no sexo”, como fenómeno adolescente, como compulsión. En nuestras sociedades el sexo se valora solo como sexo en pareja, otras formas de experimentar la sexualidad serán asumidas por parte de sectores conservadores como prácticas desviadas, inmorales, perversas, y donde la diversidad en la preferencia y práctica sexual sigue siendo patologizada.

Ahora, si bien es cierto que en Latinoamérica se han dado cambios y transformaciones en la experiencia de la sexualidad, pues, nociones y prácticas europeas y anglosajonas han logrado penetrar cada vez más la sexualidad Latinoamericana y Caribeña, esta continúa poseyendo rasgos y características tradicionales, es decir, se mantiene como práctica androcéntrica, genitalizada, falocéntrica y coital, como medio y única forma de expresión-manifestación de la sexualidad.

Así mismo, pese a que en América Latina está fuertemente institucionalizada la infidelidad, la cual goza de legitimidad en los grupos de pares, fundamentalmente de los hombres, pero también de las mujeres, encontramos resistencia y cuestionamiento frente a nuevas perspectivas de abordaje de las relaciones sexo-afectivas como el poliamor y las relaciones abiertas.

América Latina con frecuencia se vincula sobre manera la práctica sexual con la catexia o carga afectiva establecida con quien se pretende establecer el encuentro; fundamentalmente las mujeres, producto de los procesos de socialización patriarcal, se debaten entre la decimonónica escisión entre amor y sexo. Muchas mujeres tendrán sexo sin amor, por placer, solo por disfrute, sin embargo, una gran proporción privilegiará el sexo como producto de vinculaciones afectivas, o en todo caso, la vinculación afectiva como un producto y resultado de la práctica sexual.

Esta noción del afecto como producto de la práctica sexual será muy extendida en adolescentes, y que llevará a la iniciación sexual desde el desconocimiento de asuntos relativos al placer y el cuerpo propio, hecho que tendrá como consecuencia un significativo índice de embarazos tempranos no deseados y la proliferación de ETS.

Aunado a ello, otro elemento característico de la sexualidad Latinoamericana y Caribeña será el hecho de que el sexo puede concebirse como una experiencia estética, es decir, estará significativamente vinculado a concepciones de belleza. En este contexto, tendrán mayores posibilidades, solicitudes, e invitaciones a la práctica sexual aquellos/as que se apeguen más a los canon de belleza imperantes, y donde quienes no respondan a los patrones de belleza establecidos estarán con frecuencia más expuestos al rechazo sexual.

No obstante, pese a los múltiples elementos considerados, la cultura y formas organizativas de las sociedades latinoamericanas, se caracterizan por ser sociedades fuertemente sexualizadas, contrario a las realidades de algunos países europeos y asiáticos donde se incrementan a ritmos acelerados los/as Less-sex, o también conocidos como “los sin sexo”, como nueva forma de vivir la sexualidad.

En América Latina y el Caribe, por el contrario, la sexualidad constituye un punto fundamental de la vida, la realidad Latinoamericana y Caribeña se encuentra condicionada por la sexualización de la cotidianidad, se vive la sexualidad y se sexualiza la vida, con independencia de la práctica sexual, fundamentalmente a través del lenguaje, manifiesto en la sexualización de los comentarios, gestos y expresiones, hecho que permite la trivialización de la sexualidad y a través del cual es posible irrumpir en esos espacios donde el sexo ha sido vedado.

Fuente: Esther Pineda G

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