17 enero 2014

Argentina: El derecho a parir con respeto

Por Norma Loto

"´No mami…no grites!, ¡no seas flojita, tus gritos molestan a las otras mamis internadas!´, me decían la médica y la partera aquella madrugada en que parí a mi hijo. No les importaba nada, aunque me moría del dolor y no dilataba", cuenta Juliana, una docente que hace cinco años vivió esta situación.

Ella, al igual que otras mujeres que pasaron por un parto, desconocía que aquellas burlas y regaños se conocen como violencia obstétrica y que se deben denunciar.

Sucede que la violencia obstétrica ha sido naturalizada no solo por la sociedad y por la mujer que la padece, sino también por el personal médico y obstétrico. En Argentina, desde 2009, está tipificada en la ley nacional 26.485 de Protección Integral para prevenir, sancionar y erradicar la violencia contra las Mujeres en los ámbitos en que se desarrollen sus relaciones interpersonales.

En el artículo 6 inciso E, de la mencionada Ley, se define a la violencia obstétrica como "aquella que ejerce el personal de salud sobre el cuerpo y los procesos reproductivos de las mujeres, expresada en un trato deshumanizado, un abuso de medicalización y patologización de los procesos naturales". Este artículo también refiere a la Ley 25.929 de parto humanizado, que fue sancionada en 2004.

A pesar de estas herramientas legales, la violencia obstétrica sigue naturalizada en la práctica. Este tipo de maltrato puede ser tanto físico como psicológico.

María José Bernasconi, Coordinadora de la Relacahupan (Red Latinoamericana y del Caribe por la Humanización del Parto y el Nacimiento), comentó a SEMlac que "la violencia obstétrica está tan naturalizada e invisibilizada que la mayoría de las mujeres no la percibe como tal.

En este sentido, el trabajo de muchas de las organizaciones de la sociedad civil hace hincapié en la información y en la sensibilización, para dar muestras de que la violencia obstétrica es una violencia de género; porque se realiza sí o sí "sobre el cuerpo de una mujer".

La experta refiere que implica también que una mujer no esté informada sobre las distintas intervenciones médicas que pudieran tener lugar durante la situación de parto. Otras de sus manifestaciones comprenden también aquellas situaciones donde "no se considera a la mujer como persona sana y de esta manera se violenta su participación como protagonista del propio parto".

"Incluso, apurar con los tiempos biológicos y psicológicos -continuó Bernasconi- dando lugar a prácticas invasivas y medicalizando todo el proceso de parto. No permitirles entrar acompañadas por la persona que la mujer elija durante el trabajo de parto, parto y posparto. No permitir tener en la habitación al hijo o hija recién nacida, haciendo la salvedad que no requiera de cuidados especiales".

Aunque naturalizada -como tantas otras formas de violencias- la violencia obstétrica es una de las menos cuestionadas, ya que no es percibida como violencia; por lo tanto, muchas mujeres desconocen que pueden realizar una denuncia.

La Ley 26485 fue sancionada en 2009, "por lo tanto, antes de esta ley, las denuncias se canalizaban a través de judicializar los casos como 'mala praxis'", explica Bernasconi a SEMlac.

En el presente año, el Estado nacional, a través de la Comisión Nacional para la elaboración de Sanciones de la Violencia de Género (CONSAVIG) creó a su vez la CONSAVO (Comisión para la elaboración de Sanciones de la Violencia Obstétrica).

"Con la creación de la CONSAVO se podrá tener una herramienta para llevar adelante denuncias, por ahora meramente administrativas, de conjunto con el INADI (Instituto Nacional contra el Racismo y la Xenofobia) y la Defensoría del Pueblo", sostuvo Bernasconi.

El parto es de la mujer

La psicoanalista Eva Giberti manifiesta que la violencia obstétrica también es atribuible a "el sometimiento aprendido por parte del género mujer, que la conduce a esperar que el parto lo realice el médico. Salvo en determinadas ocasiones en las que debemos recurrir a su ayuda, el parto es un tema entre mujeres".

A la vez que el modo de parir lo debe elegir la mujer, no el personal médico. Pero, por lo general, por causa del desconocimiento, las mujeres delegan esa decisión en el personal médico. La elección del modo de parir es también una forma que tienen ellas de ejercer el derecho a decidir sobre sus cuerpos.

Las cesáreas, la epidural y otras técnicas, cuando no son necesarias, se transforman en manifestaciones violentas sobre los cuerpos de las mujeres. En la actualidad, la Organización Mundial de la Salud (OMS) insta a "reducir el uso excesivo de tecnología o la aplicación de tecnología sofisticada o compleja, cuando procedimientos más simples pueden ser suficientes o aún superiores".

Fuente: Adital

No hay comentarios :

Publicar un comentario