21 enero 2014

La funesta violencia de género y el recorte de otros derechos ciudadanos

Por José Iglesias Fernández

Poner nombre a tu opresión es el primer paso para poder trascenderla. Reconocer las vías específicas en que somos explotadas es esencial para organizarse contra esta explotación (Silvia Federici)

La abrumadora realidad de la violencia de género

Casi diariamente, una mujer muere victima de la agresión de su marido, compañero, pareja, u otra relación afín. Casi diariamente, alguna mujer es violada o ha sufrido un intento de abuso sexual. Casi diariamente, el acoso sexual también es otro de los platos del día. Por tanto, se puede decir que la violación, esencialmente, tiene un carácter de género, y los actos que mencionamos deben remitirnos casi siempre a la invasión del cuerpo de las mujeres sin su consentimiento. De hecho, una de las definiciones de la violación de género nos recuerda que “la violación es la imposición de la cópula sin consentimiento, por medios violentos. Se caracteriza el delito en estudio, por la ausencia total de consentimiento del pasivo, y la utilización de fuerza física o moral por parte de la persona agresora”.[1] Pero, nos preguntamos, ¿cuáles son las consecuencias psicológicas que la definición no establece, así como el tiempo que pueden permanecer en e la mente de las víctimas?

Uno no encuentra razones para que las instituciones políticas, judiciales y penitenciarias no puedan detener esta práctica tan detestable. A nivel de Estado español, el número de victimas mortales era de 46 (28 noviembre del 2103), los abusos sexuales eran de 2.848 (2009), los de acoso sexual eran de 330 (2009), y las agresiones sexuales eran de 3.395 (2009).[2] Esto sólo es lo que se denuncia. ¿Cuánto queda oculto? Y, ¿qué ocurre para qué no se arbitren medidas que erradiquen esta práctica tan abominable? Cuando nos elevamos a nivel planetario, el horror de pensar en estos hechos toma una dimensión similar. Suponemos que millones de mujeres viven este drama diariamente, con las secuelas psicológicas que esta violencia conlleva para las personas que la sufren. En este país, acaba de comenzar el año 2014 y ya son dos las victimas mortales por esta violencia.

La violación de otros derechos

Unas reflexiones evocan otras; unas violaciones recuerdan otras. En el capitalismo, el poderoso, el fuerte queda impune en sus transgresiones. Es decir, simultáneamente, la frecuente violación de género va paralela con la violación de otros derechos humanos, que se da con tanta frecuencia que la anterior: se detiene ilegalmente, se tortura, se recortan las libertades, se violenta el domicilio y la seguridad personal, aumenta la desigualdad ante la ley, frecuentemente se derogan los derechos de pensamiento, expresión, asociación, representación, autodeterminación, huelga y manifestación, utilización lingüística, creencia, movilidad geográfica; en lo social este abuso de poder se manifiesta en muchos aspectos, pero sólo citamos el aumento del empleo sin contrato para evitar las cargas sociales, el que los empresarios obligan a firmar el finiquito antes de comenzar a trabajar para evitar las cargas por despido mientras el trabajador se queda sin ningún derecho al paro; y tantos otros derechos de toda clase como figuran en la Carta de los Derechos Humanos. Es decir, la violación de los derechos humanos, ejercido por medios y actitudes sexistas, patriarcales, racistas, inhumanitarios, clasistas, es un hecho diario que ejercen los poderosos mediante la violación de los derechos de la persona ciudadana y, también, de los derechos conseguidos por el cuerpo social de un pueblo. En este sentido, tanto debe ser condenada la violación física y moral de género, como cuando se concentra en la derogación del resto de los derechos humanos que toda sociedad se otorga en sus respectivos contratos sociales.

Esta doble afirmación nos lleva a recordar que, de siempre, todo desplazamiento humano y las guerras a que daban lugar portaban con ellas la violación, tanto la violación que se manifestaba en términos de género, como la abolición de los derechos más elementales del pueblo invadido. Especialmente las guerras, que todavía suponen para las tropas invasoras la rapiña, la violación de género y la eliminación de toda consideración humana con las personas del territorio ocupado. Es decir, y vale la pena repetir, no sólo roban a la víctima sino que la violan. Desde la ley del ocupante, que nace de las lógicas de las agresiones bélicas, estos grupos de atropellos son considerados parte del botín de guerra por participar en la misma, moral que sigue vigente si nos asomamos a cualquiera de los conflictos mas recientes en el mundo: Afganistán, Balcanes, Chechenia, Congo, Irán, Irak, Líbano, Palestina, Ruanda, Sudán, por no citar Angola, China, Corea, Etiopía, Guatemala, Haití, Honduras, India, Nicaragua, Pakistán, Rusia, Salvador, Vietnam, Zaire, ni contar las dos guerras mundiales o las que se dan de baja intensidad por todo el planeta.. De siempre, las guerras fueron el resultado de fríos planes para robar, violar y exterminar al país o nación que era declarada enemiga. La ley del vencedor estaba escrita, sigue determinada por las guerras anteriores, y se perpetúa manteniendo la finalidad inicial: la expoliación, la violación de género y de los derechos humanos, y la muerte de los enemigos.

En el capitalismo, esta ley de ocupantes en tiempos de ‘paz’, la hemos interiorizado como ciudadanos. La mamamos del propio sistema, el cual controla el monopolio de la expoliación, la violación y la muerte. Expoliación en cuanto su sistema se basa en la ley del intercambio desigual entre países y entre personas; violación y muerte en cuanto controla el monopolio de la represión de los derechos ciudadanos y el poder de invadir los países que se sitúan en el eje del mal.

Las personas ciudadanas, digo, asumimos en nuestro comportamiento la lógica de la agresión, determinada mayormente por el patriarcado ancestral. Unas veces nos comportamos como violadores, ladrones y asesinos; luego hay victimas violadas, robadas y asesinadas; otras nos erigimos en fiscales y jueces y acusamos, prejuzgamos, juzgamos y condenamos. Todo lo hacemos sin acordarnos de aplicar aquella importante prevención jurídica como es la llamada presunción de inocencia: nadie es reo, y menos convicto, hasta que no se demuestre su culpabilidad.

Y aquí es donde quería llegar. Es frecuente oír entre las personas opiniones de condena y reclamando la aplicación de la ley del Lynch, o del ojo por ojo, diente por diente, o contra violación, castración,tanto en los casos en los que el preso ya cumplió su condena (De Juana, Rodríguez Salvador, Venegas Reyes en Oaxaca, los presos de ETA, etc.), como en los casos en los que todavía son presuntos, pues el tribunal todavía no ha dictado sentencia. Es decir, la ciudadanía, en las condenas que emite de culpabilidad, está atentando contra las garantías que cada presunto delincuente tiene derecho a un juicio justo. Y a que, una vez probado su delito, y cumplida la condena, no siga pronunciándose contra las garantías que el ex preso tiene al derecho a la reinserción en la sociedad.

Esta actitud vengadora y vengativa de la ciudadanía es grave, y más si no se denuncia ni se lleva una labor educativa por parte de las personas más cercanas al mundo de lo legal y del penal: fiscales, magistrados, miembros diversos pertenecientes al ámbito de lo jurídico, funcionarios de cárceles, etc. Y otro asunto que resulta más chocante y grave es cuando algunos miembros destacados de la fiscalía y de los tribunales buscan excusas para prolongar la detención de penados que han cumplido el tiempo marcado por el Código Penal.[3] Finalmente, que decir del detestable comportamiento de los medios de comunicación que, en su afán por lograr cuotas de audiencia, ya no respetan el honor de nadie.

El tema que abordamos nos llama la atención, no tanto porque la ley no ha de castigar a quien cometa un delito, sino porque comprobamos actitudes injustas entre nuestros ciudadanos y representantes judiciales, que no dudan en buscar formulas que permitan legalmente violar derechos ciudadanos, simplemente porque prevalezca la legalidad. Simplemente por ese afán de consolidar la seguridad ciudadana a expensas de la libertad ciudadana, en este caso de la mayoría de las personas ciudadanas. Esto me lleva a reconocerme en la directora general de Instituciones Penitenciarias, Mercedes Gallizo, cuando nos recuerda a la ciudadanía lo siguiente: “algunos sistemas políticos han optado por adoptar medidas que entendían rotundas y definitivas frente a determinados delitos: cortar la mano al que roba o aplicar la pena de muerte a quien asesina, o provocar electroshock en el cerebro de alguien agresivo para anular su capacidad de reacción y convertirle en vegetal… A quienes creemos en valores de respeto a los derechos humanos, nos repugna moral y éticamente vivir en un mundo que haya de funcionar así. Pero, además, todas esas medidas aparentemente enérgicas se han revelado como inútiles. Son más una expresión de la venganza social y de la impotencia frente a ciertas cosas que medidas eficaces para prevenir nuevos delitos, nuevas aberraciones cometidas por estas u otras personas”.[4]

¿Qué hacer? La pregunta de siempre

¿Qué se puede hacer en esta situación y muchas otras similares? Lo trágico es que, en el capitalismo, aparte de la lucha, nada o casi nada. Por de pronto, es difícil desterrar el patriarcado, cuando está orgánicamente tan subsumido por el sistema. Las violaciones de los derechos humanos, incluyendo las de género, están al día. Millones de personas sufren o mueren a causa de las mismas, diría que son imprescindibles para el sistema. Y es que las agresiones sexuales, que deben ser condenadas sin lugar a dudas, parece que sólo tienen importancia las que se cometen en las urbes en proporción con el resto de los territorios arrasados por las guerras. Así mismo, el resto de las violaciones de los derechos humanos queda en el silencio: torturas; no se respetan los derechos de los presos; prostitución infantil y militarización de los niños; no se respetan los derechos de los menores; invasiones y otras guerras de baja intensidad; no se respetan los derechos de los pueblos; racismo y xenofobia; no se respetan los derechos de las minorías; homofobia; no se respetan los derechos a la libertad de orientación sexual. No vamos a seguir enumerando otros aspectos en los que se vulneran otros derechos tales como la libertad de creencia, expresión; o apenas se dedican recursos al derecho al trabajo,la vivienda, la educación, la sanidad, etc. Es decir, la negación o violación de estos derechos ciudadanos supone el que se mueran millones de personas en el mundo por violencia, enfermedad, hambre, tortura, guerras y otras atrocidades. Estas personas también merecen ser defendidas y recordadas por nosotros.

En cuanto a las expresiones de las cabeceras de los diarios y programas de televisión, especialmente, las de una parte de la opinión pública, nos debe hacer recordar que muchas de estas personas pueden ser llamadas a formar parte de los tribunales públicos. ¿Qué objetividad e imparcialidad se puede esperar de ésta gente, o de los medios informativos? Si usted estuviese en el banquillo, ¿confiaría en la imparcialidad del veredicto que omitiese este tribunal? También me deja helado el comprobar como muchas de las instancias jurídicas tienen como obsesión la seguridad más que la defensa de la justicia y los derechos ciudadanos.

Suena a eslogan político pero, ¿por qué ocultarlo? Cuando la responsabilidad de todas estas violaciones recae sobre un sistema dominante, como el capitalismo, la solución sólo es una: acabar con el mismo.


Barcelona, reescrito el 6 de enero del 2014

Anexo

Diversos conceptos de violación

1) “La violación es la imposición de la cópula sin consentimiento, por medios violentos. Se caracteriza el delito en estudio, por la ausencia total de consentimiento del pasivo y la utilización de fuerza física o moral. Este concepto se refiere al tipo básico del delito, los subtipos de violación se examinarán en su oportunidad en el apartado correspondiente.

La cópula en la violación se entiende en su sentido más amplio, esto es, no se limita a cópula por vía idónea entre varón y mujer, sino abarca cualquier tipo de cópula, sea cual fuere el vaso por el que se produzca la introducción.

Respecto del sujeto pasivo, puede ser cualquier persona con independencia de sexo, edad, conducta o cualquier otra situación personal, de manera que la violación puede cometerse en personas del sexo masculino o femenino, menor de edad o adulto, púber o impúber, de conducta digna o indigna, en fin, en cualquier sujeto.

La violencia puede ser física o moral, por violencia física se entiende la fuerza material que se aplica a una persona y la violencia moral consiste en la amenaza, el amago que se hace a una persona de un mal grave presente o inmediato, capaz de producir intimidación. Debe existir una relación causal entre la violencia aplicada y la cópula, para que pueda integrarse cuerpo del delito y probable responsabilidad”.[5]

2) “Para que un acto sexual sea aceptable, éste debe realizarse por mutuo consentimiento, lo que significa que ambas partes deben desearlo y estar de acuerdo. La violación sexual ocurre cuando un individuo te obliga a participar en un acto sexual en contra de tu voluntad. Esto incluye manoseo o penetración de la vagina, la boca o el ano de la víctima (comúnmente conocido como violación carnal), manoseo del pene de la víctima o forzar a la víctima a tocar la vagina, el pene o el ano de la persona agresora. El manoseo se puede llevar a cabo tocando con la mano, con un dedo, con la boca, con el pene o con cualquier otra cosa incluyendo objetos.

La fuerza física no es siempre el factor primordial para violar sexualmente a una víctima. Los agresores pueden recurrir a amenazas o a la intimidación para hacer que sus víctimas se sientan atemorizadas o imposibilitadas para detenerlos. También constituye una violación sexual el hecho de que la víctima se encuentra en estado alcohólico, drogado(a), inconsciente, sea menor de edad (la mayoría de edad varía de acuerdo al Estado), o esté incapacitada mentalmente para acceder a participar en lo que legalmente se define como un acto sexual”.[6]

3) “Violación: Contacto sexual con cualquier persona que no puede o no quiere dar consentimiento voluntario

Esta no es la definición legal de violación en Oregón. Las definiciones legales, distinguen entre grados de violación y entre violación y otras formas de asalto sexual. Esta definición es la que El Centro De Crisis Para Mujeres Del Valle ha creado para enfocar la atención en el tema del consentimiento.

Ya sea que la víctima haya sido atacada por un extraño o un miembro de su familia, o que ella haya sido asaltada violentamente o se le haya obligado por medio de amenazas o súplicas, o que lo que le pasó a ella se define legalmente como violación, asalto sexual, o sodomía, ella sufre el dolor de haber sido violada. No hay un dolor de menos grado, o una clase de violación que sea más fácil de soportar. Ella merece que se le crea, que se valoren sus sentimientos y el saber que ella no tiene la culpa”.[7]


Ver Anexo: Diversos conceptos de violación

Instituto de la Mujer. Elaboración propia a partir de los datos facilitados por el Ministerio del Interior. En http://www.inmujer.gob.es/estadisticas/consulta.do?area=10

Léase doctrina Parot.

Mercedes Gallizo. Los delitos son siempre odiosos. El País. 23 septiembre del 2007.

http://www.tuobra.unam.mx/publicadas/030316154012-CONCEPTO.html

http://www.ncvc.org/tvp/main.aspx?dbID=DB_Violacion_Sexual120

http://www.mvwcs.com/s_definingrape.html

Fuente: Kaos en la Red

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