28 febrero 2014

El control social de la reproducción

Por Neus Roca

¿Qué mueve al gobierno a realizar reformas como la del aborto, a pesar de ver el aumento de la tensión social? Pongamos en primer plano la mujer y localicemos su lugar en la economía global: la reproducción de la mano de obra. Ya en los estudios de sociedades cazadoras-recolectoras prehistóricas se ha planteado la necesidad del control social de las mujeres como única vía para controlar la demografía y no colapsar el equilibrio con los recursos limitados. Pero una vez la sociedad comienza a producir los recursos entran en juego el excedente y la economía acumulativa que cambian las necesidades. Un aumento demográfico es más disposición de mano de obra para aumentar la producción. Y como hemos observado con las diferentes crisis del sistema capitalista, un exceso en la oferta de mano de obra (aumento del paro) conlleva su devaluación traducida en un empeoramiento de las condiciones laborales.

Este control ha resultado clave a lo largo de la historia del sistema capitalista, como bien demuestran las revisiones del análisis del proceso de acumulación primitiva. Debemos ver qué rodea la intensificación del control estatal reproductivo. Supone la extensión e intensificación en el discurso que presenta a las mujeres como aquella parte de la población eternamente menor de edad, desacreditando nuestra capacidad de tomar decisiones. Es un sumatorio a unas condiciones laborales más precarias que las de los hombres en todos los sentidos, por un lado, y unos recortes en prestaciones sociales, por el otro lado. Coyuntura que nos condena a la ejecución forzada y no remunerado de las tareas de cuidado, mantenimiento y reproducción. Es un reforzamiento de la ocultación del trabajo no pagado de las mujeres detrás de una pantalla de inferioridad natural, consiguiendo ampliar la jornada laboral no remunerada y maximizando los beneficios del trabajo femenino.

En tiempos de crisis es imprescindible y una pieza clave el control del malestar social y los posibles estallidos. El reforzamiento de un orden patriarcal que contempla a las mujeres como las sirvientas de la fuerza de trabajo masculina asegura el arraigo de relaciones de poder construidas entre las trabajadoras. Una estrategia más para desviar el antagonismo de clase hacia el hombre-mujer, con gravísimas consecuencias e implicaciones para la calidad de vida de las mujeres, y por tanto, el conjunto de toda la sociedad.

Fuente: En lucha

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