03 marzo 2014

Abuso Sexual: Secuelas en la Vida Adulta – Psicoterapia

Por María Clara Ruiz

Fue hace mucho tiempo, tanto que ya parecen haber cicatrizado las heridas. La vida sigue. Llegan las vivencias correspondientes a la edad adulta, la convivencia en pareja, los hijos, los nuevos intereses. Pero queda algo dentro, una espinita que hace que, en sueños o en vigilias, las cosas no se presenten tan armónicas como intentan parecer.

En ese momento la única solución fue callar. Se supone que los niños y las niñas son felices, que la familia les protege, que lo único que hacen es aprender y jugar. Nunca dijo nada y nadie se enteró. O es posible que cuando intentó contarlo a alguien, ese alguien prefirió protegerse secretamente en el silencio, achacando la denuncia a la fantasía de un niño, o de una niña con demasiada imaginación. O, tal vez, ese niño o esa niña creció pensando que esto era lo “normal” y que todo aquello sucedió por ser él un mal chico, o ella una mala chica.

Han pasado los años y todo va regular, o sea, como se supone que le va a todo el mundo. La experiencia del abuso sexual en la infancia se ha quedado en un rincón del olvido. Y no era para menos, porque… ¿Quién puede vivir con la memoria intacta cuando no se ha tenido la oportunidad de elaborar una experiencia tan violenta? El cuerpo es sabio y el cerebro nos protege aislando las vivencias traumáticas, para ser asimiladas en la medida en que va siendo emocionalmente posible.

Pero aún hoy en día, cuando se supone que existe un apoyo social más sólido que protege a la víctima de abuso sexual, hay poca consciencia sobre el tema. Incluso siguen existiendo casos en los que se abusa de niños y de niñas sin considerar este acto como una agresión. Porque el abuso no se limita a la relación sexual consumada, a la que el niño o la niña se ven forzados a acceder. Abuso es toda invasión en el terreno personal, íntimo, sexual, de una persona cuya vulnerabilidad no le permite defenderse de su agresor. Entonces no hace falta la violencia física o el acto sexual consumado. Basta, por ejemplo, con seducir, con dirigir palabras y gestos intencionados o con exhibirse sexualmente frente al niño o a la niña.

Se entenderá que esto es muy diferente de la caricia, el abrazo, la natural desnudez, la expresión de la sexualidad entre iguales, el contacto corporal afectivo entre adultos y niños/as. La diferencia está en el sentido del contacto, en la intencionalidad, en el grado de relación saludable o enfermizo.

Es lamentable que este sea un tema para hablar y para seguir tratando en los tiempos actuales. Sin embargo lo es, y no tiene nada que ver con clases sociales, razas o niveles culturales. Lo que no podemos hacer es contribuir con la negación, el secreto y la soledad de víctimas que gritan en silencio, desoyendo su llamada mientras se intentan mantener las “buenas formas” por sobre todas las cosas.

Psicoterapia y Secuelas por Abuso Sexual en la Infancia

Una historia de abuso sexual en la infancia no suele ser motivo de consulta. Es más común que surja el tema después de algún tiempo, o en relación con un síntoma que sí ha sido causa de preocupación y que ha llevado a la decisión de buscar ayuda profesional. Dificultades de relación, disfunciones sexuales, crisis de parejas, dependencia afectiva, algún tipo de adicción, problemas laborales, depresiones, etc., pueden tener como base una experiencia traumática de esta índole, aún cuando no lo sea en todos los casos.

No todas las personas reaccionan de la misma manera frente a la vivencia del abuso sexual. La evolución depende de múltiples factores como son el entorno social, familiar y educativo en el que se encuentran, así como las capacidades de afrontamiento con las que cuentan. Pero de todas formas, la experiencia del abuso sexual puede elaborarse en función de una vida actual satisfactoria a todos los niveles. La resolución depende de la posibilidad de recuperar las funciones naturales que se han ido perdiendo en el camino, o que no pudieron evolucionar por una inadecuada atención a las necesidades en la infancia.

Se entenderá que la persona motivada para elaborar su experiencia de abuso sexual necesite un espacio que garantice la total confidencialidad, por parte de un/una terapeuta capaz de ofrecer, no sólo su conocimiento y su técnica, sino también -y sobre todo- su humanidad para acoger clínicamente a quien solicita la ayuda. Entender y tratar el sentimiento de auto-desvalorización, los estados de confusión, los temores de abandono, la falta de límites, las reacciones psicosomáticas, los estados de culpa y de vergüenza, la ansiedad, las múltiples historias repetidas de victimización, las adicciones o las conductas sexuales distorsionadas, no será fácil para un/a terapeuta ceñido/a al manual de los “normales” y los “anormales”.

A partir de la capacidad de empatía y del respeto por la persona abusada, un tratamiento psicológico puede ser apropiado para la resolución de secuelas derivadas de la experiencia de abusos sexuales en la infancia.

La Psicoterapia Caracteroanalítica, con su particular herramienta de trabajo con el cuerpo, no solamente interviene sobre los efectos psicológicos sino también sobre las consecuencias que la experiencia del abuso han tenido en los campos somático y energético. Así, el trabajo psicocorporal consiste en la elaboración consciente de las emociones relacionadas con la experiencia, por medio del desbloqueo de las tensiones musculares asociadas a estas y del análisis de las formas caracteriales, con las cuales cuerpo y psique han conseguido adaptarse a la vivencia para afrontar la vida.

Los efectos de una historia de abuso sexual, así como otros traumas de la infancia más o menos graves, consecuencia de la ignorancia y de la miseria sexual de una sociedad enferma, pueden ser reconducidos con el fin de recuperar las funciones naturales y, con ellas, la salud y la tendencia vital hacia el placer y la alegría de vivir.

Fuente: Psicoterapia y otras Posibilidades

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