09 abril 2014

“Hay empleadas del hogar que cobran 2,5 euros la hora”

Por Soraya González Guerrero

Generar posibilidades de empleo digno para personas que lo tienen más complicado por su condición de emigrantes... Desde hace dos años, activistas de varios colectivos mestizos ligados a la lucha contra los CIE, la defensa de los derechos de las trabajadoras del hogar, como Territorio Doméstico, o la criminalización de los manteros en Madrid han estado buscando la forma de hacerlo posible. Vieron que en el sector de los cuidados, que ya conocían de primera mano, “había mucha demanda y había dificultades para conseguir trabajo en buenas condiciones”. Así que después de otear el mercado emprendieron un valiente proyecto, cocinado a fuego lento: Senda de Cui­dados. Hablamos con cuatro integrantes de esta asociación, que busca alternativas prácticas para mejorar las condiciones laborales en el trabajo de cuidados.

¿Nos podéis contar cuál es actualmente la situación de las empleadas del hogar?

Rafaela Pimentel: Seguimos estando en un régimen de seguridad especial, aunque con algunas mejoras. Pero con la situación de precariedad que hay, te bajan el horario y no llegas a 60 horas [tras la aprobación del Real Decreto de diciembre de 2012, si trabajan más de 60 horas tienen que ser contratadas por el empleador] con lo cual seguimos pagando nosotras la seguridad social. Hay compañeras que iban de lunes a viernes y ahora están yendo tres días a la semana y les falta dinero para pagar la seguridad social. Algunas cobran 50 euros y tienen que pagar 172 de seguridad social. No da. Y encima por ser discontinuas se han quedado fuera del sistema de prestaciones.

Tener una paga entera es un sueño, es como lo de los mileuristas antes. La situación es bastante jodida todavía, mucha gente se está aprovechando con la crisis, tienes que hacer el trabajo o, si no, te dicen que hay muchas que están ahí para hacerlo. A las internas les están pagando 450 y 500 euros. Cuando nos lo decían no nos lo podíamos creer, llamamos y, efectivamente, les pagan eso por cuidar a niños, en casas enormes, sólo librando el sábado por la tarde. Y encima tienes que ser bien maja. Las agencias de colocación le dicen a nuestras compañeras “qué más te dá, te vas a Aravaca o a Pozuelo y como sólo tienes trabajo y no vives, no tienes que pagar ni casa, transporte, no comes, no te vistes, no sales con tus amigas, pues con 500 tienes que chutas”. Eso es lo que no queremos, esas colocaciones así.

¿Qué estrategias colectivas son las que plantea Senda para mejorar las condiciones laborales?

Mario Arroyo: En un primer momento pensamos que una empresa o una cooperativa nos permitiría huir del régimen especial de la seguridad social porque las trabajadoras de Senda podrían ser contratadas y tener derecho a los beneficios del Ré­gi­men General. Pero no podemos asumirlo todavía por los costes. Así que trabajan en el régimen especial, pero desde Senda tratamos de mejorarlo. El empleador tiene que negociar las condiciones laborales no directamente con la empleada sino con la asociación a partir de unos acuerdos mínimos que hemos decidido entre todas: un salario mayor que el que estipula el régimen especial, el respeto escrupuloso de libranzas obligatorias, contrato escrito de trabajo o el pago de la cuota integra de la Seguridad Social por parte del empleador/a. Todo esto parece obvio, pero en la realidad no se cumple muchas veces en el mercado informal de los cuidados.

Maite Zabalza: La relación de trabajo ya no es intradomicilio, no se queda dentro de la casa, sino que es una relación laboral reconocida públicamente, tienes compañeros, un coordinador.

R.P.: Estando en Senda de Cuidados tenemos un salario mucho mejor que el que establece el régimen especial (5,05 euros/hora) y mucho mejor que el que se da por ahí. Sabemos que están pagando 12 o 10 euros por hora a las empresas, pero la empleada se queda cuatro y pico. Hemos conocido casos de personas que cobran 2,50 euros la hora.

Amelia Caballero: Buscamos un sueldo digno, también que se nos cuide a nosotras como cuidadoras.

¿Ha mejorado la calidad de trabajo con el respaldo de la asociación?

A.C.: Mejora muchísimo. De comienzo ya no eres tú la que va a negociar con el empleador. Es muy importante tener un mediador, nos da la opción de elegir si queremos este trabajo. Esto le da seguridad a la persona que contacta y nos da seguridad a nosotras. No es lo mismo cuando vas con una empresa, que te mandan al azar y ahí se pierde la relación.

R.P.: En estos días está trabajando un compañero de Senda y ya se le está preguntando que cómo está, cómo se siente. A los empleadores también se les pregunta cómo se sienten con esa persona. Está ese lazo ahí que para nosotras es súper importante, es una demanda que siempre hemos exigido porque estamos en un ámbito privado, solas. Hay gente que está enferma y no te dan ni un permiso para ir a tu análisis, esto está a merced de que te toque buen empleador. Cuando vamos a buscar un trabajo no conocemos a esa familia, no sabemos quiénes son. Las internas entran en ese domicilio a trabajar y aunque vaya con una agencia de colocación, jamás se sabe de ellas. Hay chicas que han durado muchísimo tiempo con malos tratos terribles y no se sabe nada.

Se podría decir que practicáis un sindicalismo social que se reúne en casas.

M.A.: El sentido es un poco el de un sindicato: nos agrupamos en torno a un sector, que es el de los cuidados, y trabajamos por conseguir pequeñas victorias, a partir de la negociación directa con el empleador. Alguna vez lo pienso así, pero no es exactamente un sindicato.

R.P.: Los sindicatos que hay no son los que queremos. ¿Cómo va la trabajadora doméstica a una reunión del sindicato si los horarios que tenemos no son afines? Y las estructuras no nos gustan.
¿Y esta especie de negociación colectiva no genera más rechazo para las personas que contratan los servicios de cuidados?

M. Z.: Mucha gente huye de emplear a alguien directamente porque no la conoce y las empresas de colocación les generan inseguridad. Una entidad como la nuestra le da más seguridad. Solemos acordar una primera entrevista con los empleadores, normalmente en su domicilio, porque suelen ser personas mayores, y les contamos cómo funcionamos y nos cuentan lo que necesitan. También le facilitamos muchas gestiones que igual no puede hacer, como el alta en la seguridad social. Las empresas de colocación les generan mucha inseguridad, porque les presentan 12 currículum y dicen ‘venga elige a la que quieres’. Así se ve que no hay una vinculación de las trabajadoras.

Fuente: Diagonal

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