12 abril 2014

La lucha antipatriarcal desde la condición de privilegio

Por Esther Pineda G

Como bien sabemos, las tramas relacionales en torno a las cuales se ha organizado nuestra sociedad, se fundamentan en el antagonismo, la diferencia, la disparidad, pero fundamentalmente en la otredad, en la cual se define arbitrariamente un “otro/a”, enemigo a soslayar.

Entre estas formas antagónicas de relacionarse podemos visibilizar elementos como el sexo, la clase, la etnicidad, la racialidad, la preferencia sexo-afectiva, las diversas formas de discapacidad o necesidades especiales, entre otras. No obstante, afirmar que, estos condicionamientos biológicamente impuestos definen de manera ineludible, incuestionable e inmodificable nuestras concepciones ante el mundo, se presenta como una perspectiva reductiva, biologicista y determinista como aquellas afirmaciones que contribuyeron a legitimar las diversas formas de discriminación y exclusión social a lo largo del proceso histórico.

Supone este hecho además, una negación a la idea de transformación social y la capacidad del sujeto de superar los condicionamiento impuestos por la naturaleza y el aparato ideológico de la sociedad.

Pudiéramos afirmar que efectivamente los hombres no pueden ser legítimamente partícipes de los procesos en pro de la igualdad y equidad de género al detentar el privilegio de la masculinidad arbitrariamente otorgado por el aparato ideológico de un sistema social patriarcal. Pero, con ello, estaríamos invalidando hechos sociales reales como la capacidad de empatía, afinidad e identificación que se desarrolla entre las personas en las múltiples situaciones y escenarios, al mismo tiempo que invisibilizaríamos la también situación de constricción y cuestionamiento de los hombres en un modelo que les exige el ejercicio de una masculinidad prefabricada y dirigida, limitando e impidiendo su libre desarrollo, definición autónoma de su masculinidad, así como el establecimiento de roles y marcos relacionales desde sus intereses y experiencias concretas.

Afirmar la incapacidad de los hombres de luchar contra el patriarcado, por la condición de privilegio que arbitrariamente se les ha atribuido, supone la reproducción del esquema interpretativo patriarcal de la diferencia y la desigualdad, además de desestimar la también contribución de los hombres –si bien limitada- a lo largo del proceso histórico social al proceso de desarticulación de la dominación patriarcal.

Podemos afirmar lo mismo respecto a la condición de racialidad y preferencia sexo afectiva, si bien es de nuestro conocimiento que el feminismo tradicional se ha caracterizado por obviar y desestimar la situación de exclusión y subordinación de las mujeres proletarias, negras y afrodescendientes, indígenas, sexo diversas, con discapacidad y/o necesidades especiales, no occidentales, entre otras, y se ha limitado a criticar, demandar y promover solo aquellas situaciones que le afectan en el contexto de su pertenencia de clase, raza y preferencia sexo afectiva, no significa ello que, no puedan existir feministas blancas antirracistas, feministas sexo diversas anticlasistas, feministas proletarias antirracistas, feministas negras o afrodescendientes antiheterosexistas, entre las múltiples formas y variables que adopta la iterseccionalidad de sexo, raza, clase, preferencia sexo afectiva, entre otras.

Ahora bien, no podemos negar que los intentos de incorporación e inclusión de todas estas variantes, intereses y necesidades en un feminismo universal ha contribuido a la invisibilización de experiencias y luchas especificas y concretas, no obstante, la afirmación de la incapacidad de lucha por la condición de privilegio contribuye aún más a la fragmentación del feminismo y todas y cada una de las luchas particulares, condenándolas a la intrascendencia.

La concepción que promueve la fragmentación del feminismo y la exaltación de luchas particulares, supone el rechazo al enfoque transversal así como la invisibilización de los procesos interactivos de los distintos en torno a las diferencias.

Fuente: Esther Pineda G

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