10 abril 2014

Las mujeres rurales siguen siendo las grandes olvidadas

Por Juan C. Domínguez

“Las políticas públicas no han logrado orientar de manera efectiva los recursos para reducir la inequidad de género, promover su autonomía y libertades, y transformar sus condiciones de vida”.

Esta es una de las conclusiones del estudio encargado por la ONG Oxfam acerca del Programa Mujer Rural del Ministerio de Agricultura.

Este estudio revela que aún hay serias diferencias con ellas en temas como empleo y acceso a bienes públicos, pese a que son, cada vez más, cabezas de familia. Muestra un diagnóstico de cómo ha funcionado el programa, sus falencias y dará nueve recomendaciones de política pública para fortalecer el programa.

Vale la pena recordar que la estructura patriarcal que aún se vive en las áreas rurales ha impedido que las mujeres accedan de manera equitativa a los recursos y activos productivos rurales.

“Las apuestas de política pública no han logrado garantizar los derechos de las mujeres rurales sobre la tierra, el territorio que habitan, ni reconocer su papel y derechos como actoras políticas y ciudadanas”, se lee en el estudio.

Ahora, para la muestra, un botón: durante los últimos seis años, en las mediciones de pobreza y pobreza extrema, los más altos indicadores son para las mujeres, cuando ejercen su labor como cabeza de hogar.

Sin embargo, se notan mejorías en estos indicadores. En pobreza ha caído 18 por ciento, al pasar de 58,7 a 48,1 por ciento entre 2008 y el 2013, mientras que en pobreza extrema la merma fue del 25 por ciento en el mismo periodo de tiempo.

“Hogares con jefatura femenina tienden a mostrar mayores niveles de pobreza que aquellos con jefatura masculina”, dice Oxfam.

Además de la pobreza, el desempleo también acompaña a las mujeres rurales. Según el estudio de la referencia, para el 2011, la tasa de ocupación de las mujeres en el campo fue de 32,2 por ciento, mientras que la misma relación para los hombres rurales alcanzó el 74,1.

De igual manera, la tasa global de participación para las campesinas fue de 37,7 por ciento y para los hombres rurales se ubicó en 77,2.

Entre tanto, la tasa de desempleo de las mujeres rurales, en el 2011, fue de 14,7 por ciento, mientras que los hombres desempleados representaron el 4,1 por ciento de la población económicamente activa, en las áreas rurales.

Los indicadores descritos pueden agravarse, en la medida que, al igual que en las ciudades, hay más hogares donde la mujer es la cabeza visible.

En las cuentas de Oxfam, esta ha crecido del 16,4 por ciento, hace 50 años, al 25,7 por ciento en el 2005.

Del diagnóstico, se destaca también la discriminación en contra de las mujeres, que no favorece la titulación y formalización de predios, además de limitaciones al acceso a activos productivos, y a fuentes de financiación y crédito rural.

Los múltiples oficios de ellas en el campo

Las mujeres tienen una alta carga laboral en todos sus roles, muchos sin pago.

Ejercen de amas de casa: cocinar (desayuno, almuerzo y comida), arreglo de ropa (lavar, coser, planchar y confeccionar), cuidado de los hijos (aseo, darles de comer y ayudar en las tareas escolares), arreglo de la casa (barrer, tender camas y trapear) y conseguir los insumos para cocinar (rajar leña, recolectar y cargar agua).

Comercian con la producción de su finca, ellas venden productos agrícolas y leche, entre otros elaborados en casa como quesos y cuajadas.

Como participantes activas de la sociedad, asisten a reuniones cabezas de familia convocadas por los colegios, juntas de acción comunal, así como a cursos y charlas técnicas.

Cuando tienen ‘algún momento’ para descansar, lo utilizan en labores manuales como hacer ruanas y cobijas y tejer sacos, que sirven para reforzar los ingresos de la economía familiar.

En su relación con la producción están dedicadas a la parte agrícola y ganadera.

En la primera se destacan la preparación de terrenos para siembra, la siembra misma y otras labores propias de los cultivos como fertilización, riego, control de plagas y enfermedades, lo mismo que en los trabajos de cosecha y poscosecha.

En la parte pecuaria, ellas cuidan de los animales en pastoreo e igualmente intervienen en otros trabajos como vacunar, ordeñar, controlar parásitos, alimentar animales, asear instalaciones, cortar colmillos y castrar, entre otras.

El estudio hace nueve sugerencias

Para el Programa Mujer Rural del Ministerio de Agricultura, el informe hace nueve recomendaciones:

• Promover un enfoque territorial e integral.

• Estimular la participación, conforme lo señala la Ley 31 del 2002.

• Ampliar y regionalizar los recursos del programa.

• Reducir y flexibilizar los requisitos de las convocatorias.

• Incluir un componente para facilitar el acceso a recursos de financiamiento.

• Prevenir efectos no deseados, como sobrecarga y violencia contra las mujeres.

• Garantizar acompañamiento permanente y cualificado a los operadores.

• Efectuar una evaluación de operaciones, resultados y de impacto del programa.

• Capacitar y sensibilizar a los funcionarios sobre el enfoque de equidad de género, con el propósito de mejorar la formulación, planificación y ejecución de las políticas públicas.

Fuente: Ameco Press

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