11 junio 2014

Amistades peligrosas: Mundial de fútbol, trata y prostitución

El acceso al cuerpo de la mujer es parte intrínseca del mercado del fútbol, incentivado por instituciones y empresas que lucran con la Copa del Mundo, empezando por la FIFA

Por María Paula García

A pocos días del comienzo del Mundial de la FIFA 2014 en Brasil, los sectores feministas se sumaron a las masivas protestas contra el megaevento deportivo. A las denuncias por el aumento de la trata y el turismo sexual, se suman los repudios por la mercantilización del cuerpo de las mujeres. La violencia y la explotación detrás de la denominada pasión de multitudes.

En el llamado “Día Internacional de Luchas contra la Copa”, miles de personas volvieron a tomar las calles de Brasil en aquellas ciudades que serán sedes del Mundial de la FIFA 2014. Si bien las protestas masivas contra la realización del evento se vienen llevando a cabo desde hace tiempo, los medios de comunicación resaltaron la fuerza y la combatividad que alcanzaron estas últimas manifestaciones.

En el centro de los reclamos se encuentran los 12.000 millones de dólares que gastará el Estado en la organización mientras que las necesidades básicas de amplios sectores sociales no tienen respuesta. Pero también se rechazan las medidas que el gobierno de Dilma Rousseff viene implementando para garantizar el “desarrollo normal” del campeonato: miles de personas literalmente limpiadas de sus hogares precarios, desalojo de los vendedores ambulantes para asegurar venta exclusiva a los patrocinadores y la exención del pago de impuestos por esos derechos exclusivos de ventas tanto a los patrocinadores como a la FIFA.

Como parte de las protestas se encuentran los alertas ante el seguro incremento de la trata de mujeres para la prostitución y la explotación sexual de niñas y niños y las denuncias acerca de la utilización del cuerpo de las mujeres como objeto de consumo publicitario.

Cuerpos de mujeres en las Copas de hombres

Que la realización de la Copa del Mundo de la FIFA trae aparejado en cada país donde se realiza un aumento del turismo sexual, de la trata de mujeres para la explotación sexual, del consumo de prostitución y de demás elementos de la denominada industria del sexo, no es ninguna novedad. Y en los últimos Mundiales esta realidad ha ido en aumento.

En Alemania 2006, donde la prostitución está legalizada desde el 2002, se construyeron megaburdeles para la ocasión, animados por proxenetas devenidos en empresarios. Se estima que 40 mil mujeres fueron llevadas a ese país para ser prostituidas, y su triste suerte fue de la mano de las deportaciones masivas por parte del Estado, que las consideró inmigrantes ilegales luego de un largo debate mediático acerca de si llegaban al país engañadas o por oportunismo.

En el 2010, en Sudáfrica, la gran demanda de sexo a cambio de dinero por parte de los asistentes se sostuvo con la explotación de las mujeres, niñas y niños más vulnerables de la población local. Ni la ilegalidad de la prostitución en ese país, ni siquiera los alertas de numerosas organizaciones acerca de un posible pico de propagación del VIH / SIDA en una población donde 6 millones de personas lo padecen, frenó la situación.

A Brasil, ¿por fútbol o por sexo?

Este año le toca a Brasil, que no sólo será la sede del Mundial FIFA 2014 sino también de los Juegos Olímpicos en el verano de 2016. Según datos del Ministerio de Turismo, se calcula la llegada de 600 mil turistas extranjeros, un 10 por ciento del total que el país recibe anualmente. Y a ello hay que sumarle el desplazamiento interno estimado de alrededor de 3 millones de personas por las 12 ciudades que serán sede del Mundial.

Indefectiblemente en este gran suceso deportivo se expresará la dinámica de los Mundiales anteriores. Pero en este caso, la tan conocida difusión de Brasil como paraíso erótico será un factor que agravará aún más la situación.

Durante años la industria turística ha explotado hasta el hartazgo el mito de la garota desinhibida que baila en la playa semidesnuda sin ningún complejo. Y en la actualidad, esa fábula fue enriquecida con la promoción de un paraíso sexual que también es “gay friendly”.

Pero lo cierto es que detrás de las ofertas de la belleza de sus playas, Brasil cuenta con el mayor índice de turismo sexual de América Latina y el Caribe y es un país de origen, tránsito y destino de mujeres, varones, niñas, niños y personas transgénero víctimas de la trata para la explotación sexual.

La preocupación de las organizaciones gubernamentales y no gubernamentales radica precisamente en la certeza de que un acontecimiento multitudinario como el Mundial llevará miles de personas dispuestas a pagar para experimentar el mito brasileño e, inseparablemente, explotadores, traficantes y pedófilos tratando de pasar como hinchas inadvertidos para hacer de la vulnerabilidad de amplios sectores de la población una oportunidad de negocio.

A pocos días de la apertura, la amplia red de negocios turísticos ya está preparada para funcionar: agencias de viaje, hoteles, bares y taxis. Incluso la explotación sexual ya se está organizando a través del internet. Mientras tanto, el gobierno decidió invertir ocho millones de reales, equivalentes a 3,3 millones de dólares, para combatir la prostitución infantil en las ciudades sede. “Brasil está feliz de recibir turistas que llegarán a la Copa, pero también está listo para combatir el turismo sexual”, amenazó Dilma Rousseff en su Twitter.

Infructuosa tarea la de la presidenta. Porque como está demostrado en todo el mundo, es imposible luchar contra el turismo sexual infantil sin luchar contra la industria del sexo.

El machismo de la FIFA

Era de esperar que una institución como la FIFA no ignore que miles de mujeres, niñas y niños serán víctimas de la explotación sexual y apoye las campañas de prevención. No obstante, las feministas nucleadas en la Marcha Mundial de las Mujeres de Brasil se sumaron a las movilizaciones contra la realización de la Copa del Mundo lanzando la campaña “Contra el machismo estándar de la FIFA”.

En una declaración denuncian fuertemente cómo las mujeres son mercancías en la industria del sexo y un factor crucial para impulsar el entretenimiento y el turismo, generando lucros para las empresas y divisas para los gobiernos. Y también explican cómo estas conexiones son estructurales, y no un efecto colateral de la lógica de los grandes eventos y de los mega-emprendimientos.

Con el slogan “En la Copa de la explotación el que gana es el proxeneta”, van más allá. Dejan muy claro cómo el acceso a los cuerpos de las mujeres es parte intrínseca del mercado del fútbol y es incentivado por todas las instituciones y empresas que lucran con la Copa del Mundo, empezando por la FIFA.

Al respecto, las camisetas lanzadas a la venta por Adidas, patrocinador oficial de la Copa, es apenas una muestra de todo ello. En una, al simbolizar “Yo amo Brasil”, el corazón se confunde con un trasero de mujer verde y amarillo. En otra, una mujer en bikini junto al paisaje de Río de Janeiro, lo dice todo.

Fuente: La Haine

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